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"Mi estancia en Babia ha sido como un retiro espiritual, solo que en toda mi persona. He vivido de primera mano como poco a poco hemos encajado cual engranajes de reloj, todos y cada uno de una misma importancia y necesidad, hasta formas de lo que podría llamarse una pequeña familia. El salir de la cúpula de la tecnología, influencias y confort de la que nos rodeamos normalmente y abrirnos a una nueva forma de vida, ha sido lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, sin exagerar. El hecho de que a todos nos gustaría volver, y que nos quedamos con ganas de más, hace que esté seguro de lo influyentes que estos días serán para nosotros, quizá no de forma activa, pero nadie me negará que jamas podremos olvidar Babia 2018. El trabajo en el campo, la vida de comunidad, practicar los pequeños detalles, tener tiempo para la interioridad, los juegos y talleres con los niños ha sido algo fantástico. Y las gentes de Villasecino: acogedores, casas abiertas, comidas fraternales, productos de sus huertas... todo amabilidad. El lugar, y sobretodo, las personas van en nuestro corazón. Como dice el cartel de salida: Hasta siempre, Babia."