Proyecto educativo

Nuestro estilo educativo se fundamenta en una visión verdaderamente integral de la educación (y de despliegue: de dentro a fuera).
Para que la persona llegue a ser plena y a desarrollar todas sus capacidades, tomamos como referencia el tipo de relaciones que Jesús de Nazaret mantuvo con sus contemporáneos (personalizador, acogedor, amoroso, cuestionador) y ofrecemos experiencias y procesos formativos con una pedagogía encaminada a favorecer que cada persona desarrolle todo su potencial, todo lo que es capaz de ser.

Las etapas en las que se divide el proceso MarCha son (hacer clic para ampliar la información de la etapa):

Teniendo en cuenta lo anterior, nuestras claves pedagógicas son:

Español

Nuestro proceso se fundamenta en la confianza en la persona. Cada persona es protagonista de su propio crecimiento y la dinámica de crecimiento de la persona es de despliegue (de dentro a fuera). Una imagen que describe nuestra visión del proceso de crecimiento de la persona es la de la semilla (creemos que dentro de cada persona existe la capacidad de crecer y de ser quien está llamada a ser). Así, entendemos que la persona es el centro y que la responsabilidad última de qué hacer o no hacer con su vida (tomar la vida en las manos) es personal. Teniendo en cuenta todo esto, el proceso MarCha propone el acompañamiento personal y también, siendo conscientes de los diferentes ritmos de crecimiento personal, el proceso se estructura de modo que sea lo suficientemente flexible como para acomodarse a la evolución de cada persona.

Nos movemos en el ámbito de la educación no formal y del tiempo libre. Esta realidad nos empuja a propiciar la creación de un clima de alegría y distensión, de libertad, de gratuidad que favorezca el propio crecimiento.
La presencia cualificada y la empatía para con la realidad de cada persona y la sociedad junto con el testimonio sencillo de vida comprometida desde el Evangelio de Jesús son elementos imprescindibles para una animación siempre abierta a los impulsos del Espíritu.
Creemos en las actividades propias del tiempo libre como educativas en sí mismas y como medios idóneos para alcanzar los objetivos que nos proponemos.
 

Una referencia importante en el proceso MarCha es el grupo. El grupo tiene toda la fuerza que da la relación de iguales, que se convierten en compañeros de camino y que favorece la cooperación, la comunicación, el trabajo en equipo y la apertura a la realidad del otro. El grupo es el ámbito privilegiado para aprender a amar y ser amado, para acoger, servir y perdonar.

Vivimos y nos relacionamos en un contexto social y político. Éste influye en el estilo de vida y en nuestra manera de ser y de estar en un lugar y en un momento histórico concretos. El proceso MarCha es sensible e intenta estar ligado permanentemente a esta realidad.

También creemos importante impulsar y crear un ambiente de relaciones que salga del grupo pequeño con la finalidad de crecer en la apertura y en el sentido de pertenencia a todo un proceso y a todo un movimiento eclesial. 

Sólo se aprende lo que se experimenta y MarCha es un proceso de aprendizaje.
La experiencia personal, interiorizada, leída, comunicada, es lo que mueve a la persona a crecer y lo que puede llevarla a tomar opciones vitales.
La experiencia de la propia vida es el principal recurso educativo. Se trata siempre de partir de esta experiencia que la vida ofrece y de los centros de interés de los niños y jóvenes.
A lo largo de todo el proceso MarCha proponemos una serie de experiencias nucleares a nivel local y provincial en las que está presente la vida en globalidad y que marcan hitos importantes en el crecimiento de la persona en cada una de las etapas del proceso.
Tratamos de crear un ambiente en el que la persona pueda tener la oportunidad de experimentarse amada por Dios. A través de las propuestas de vivir experiencias celebrativas, lúdicas, grupales, personales, de silencio, de oración, de solidaridad… creamos espacios donde se cuida la vida y donde cada persona va descubriendo lo que es Buena Noticia para ella. Somos conscientes de la importancia que tiene el momento personal a la hora de vivir con intensidad las experiencias propuestas desde el proceso.
A la vez que proponemos experiencias vamos dando herramientas para poder leerlas, interpretarlas y disfrutarlas. En este sentido, la lectura personal de las experiencias y la comunicación de las mismas en el grupo pequeño son dos elementos que se van trabajando con intensidad y procesualmente. 

Apostamos por una pedagogía que suscite interrogantes (no solo racionales sino también emocionales) y que impulse a la persona a ponerse en búsqueda para encontrar respuestas. Una pedagogía que cuestiona y que enseña a escuchar y a formular esos interrogantes.
Aquí aparecen de nuevo como elementos fundamentales el acompañamiento personal y el aprendizaje de herramientas de conocimiento personal y de lectura de experiencias.
Llegado el momento, hacemos explícita la pregunta sobre el sentido de la vida como la gran pregunta, y animamos y acompañamos el proceso de crecimiento en la dimensión profunda de la vida.  

A la vez que compartimos la misma visión de educación con muchos otros educadores, especialmente en los ámbitos de Iglesia, desde MarCha utilizamos una metodología pedagógica peculiar que Marcelino y los primeros maristas iniciaron y que era innovadora en muchos aspectos.

Las características particulares de nuestra manera de estar con los niños y jóvenes son: presencia, sencillez, espíritu de familia, amor al trabajo y seguir el modelo de María. Es la suma de estas cualidades y su interacción lo que da a la metodología marista su originalidad, inspirada por el Espíritu. (MEM 98)

MarCha se define como un proceso que como tal tiene un principio, un desarrollo intermedio y un horizonte. Entendemos el crecimiento personal como algo procesual aunque no lineal. El crecimiento es un proceso, pero se dan “saltos” de crecimiento: momentos en los que pasamos a una situación nueva. Y, aunque los ritmos de crecimiento personal son diversos y cada persona vive su propio proceso original y único, estructuramos el proceso en varias etapas que van expresando y explicitando el ritmo de crecimiento personal facilitando la toma de consciencia del propio crecimiento a nivel personal y grupal.

Una imagen que nos ayuda a explicar la idea de proceso es la de una espiral en la que la persona va creciendo en todas sus dimensiones con diferente grado de intensidad (de menos a más).

Las experiencias nucleares son importantes en el proceso, lo son principalmente como desencadenantes. Pero, para que la experiencia se asiente es preciso afianzarla en el tiempo dando pasos graduales. La cotidianidad es importante y no sólo la experiencia extraordinaria. Es en el encuentro cotidiano donde lo vivido en las experiencias extraordinarias se integra en la propia vida de cada día.